APROXIMACIÓN A LA COMUNICACIÓN INTERCULTURAL EN BOLIVIA

Publicado: junio 26, 2009 en Uncategorized
AUTOR: Ausberto Aguilar CORREO E ausbertoaguilar2@hotmail.com
 
Introducción
 
En el presente ensayo, tratamos de aproximarnos al concepto de comunicación intercultural, que en la propuesta de Miquel Alsina puede constituirse en una disciplina científica, con su propio objeto o campo de estudio. Así en una primera instancia, describimos los conceptos inherentes a la cultura, desde Taylor, Umberto Eco y Clifford Geertz. Luego, describimos lo que es la comunicación intercultural y las implicancias que tiene. Finalmente describimos la situación de Bolivia con respecto a la interculturalidad y la problemática que implica ello.
                                
 
  1. Hacia un concepto de cultura
 
Si consideramos brevemente la historia del concepto de cultura, podemos decir que fue el inglés Edward B. Tylor, quien en 1871 definió por primera vez este concepto que tan frecuente uso tiene en nuestros medios académicos. Para él:
La cultura o civilización, tomada en su sentido etnográfico amplio, es ese complejo total que incluye conocimiento, creencia, arte, moral, ley, costumbre y otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad (1871:64).
Esta definición se impondrá sin aparente conflicto hasta la década de los setenta, cuando Clifford Geertz expone la definición del concepto de cultura. Por tanto Geertz dice:
El concepto de cultura que propugno y cuya utilidad procuran demostrar los ensayos que siguen es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones (Geertz, 1992: 20).
 
Debemos colegir que para Geertz, la cultura, es una urdimbre de significaciones, donde el hombre se encuentra inserto, es decir, lo fundamental del concepto de Geertz, es que la cultura es una trama de significaciones y por tanto la ciencia que de cuenta de esta trama debe ser una ciencia interpretativa que tiene como fin develar, interpretar esta trama de significaciones.
 
El mérito de Geertz consiste en haber reconocido que la cultura es una trama de significaciones y que es susceptible estudiarse desde la semiótica, sin embargo no menciona cómo debería abordarse este estudio, es decir, qué características tiene una investigación tal, qué consecuencias se derivan de aceptar esta definición de la cultura.
 
1.1. La Comunicación desde la cultura
 
Aparte de que la comunicación implica una trama de significaciones, es necesario también pensar la comunicación desde la cultura, con objetivo de comprender las formaciones discursivas, las territorialidades, las formaciones de sentido.
 
Pensar la comunicación desde la cultura es hacer frente al pensamiento instrumental que ha dominado el campo de la comunicación, y que hoy se autolegitima apoyado en el optimismo tecnológico al que se halla asociada la expansión del concepto de información (…) Lo que que ahí se produce no es entonces un abandono del campo de la comunicación sino su desterritorialización, un movimiento de los linderos que han demarcado ese campo, de sus fronteras, sus vecindades y su topografía, para diseñar un nuevo mapa de problemas en el que quepa la cuestión de los sujetos y las temporalidades sociales, esto es la trama de modernidad, discontinuidades y transformaciones del sensorium que gravitan sobre los procesos de constitución de los discursos y los géneros en que se hace la comunicación colectiva” (Martín-Barbero, 2001: 63).
 
La cultura se convierte en el escenario donde se mueve la comunicación, con todo lo que implica y desterritorializa, lo que conecta y desconecta el campo de la comunicación. Para Martín-Barbero, la cultura posibilita la comunicación y a la vez la comunicación se constituye en el eje que lo articula al mismo tiempo.
 
1.2. La concepción de Umberto Eco.
 
Eco, describe que el sustento teórico de la cultura estriba en tres aspectos desde el punto de vista de la antropología. Estos tres aspectos que caracterizan la noción de cultura tienen que ver con:
 
a)      la producción y el uso de objetos que transforman la relación hombre-naturaleza;
b)      las relaciones de parentesco como núcleo primario de relaciones sociales institucionalizadas,
c)      el intercambio de bienes económicos.
 
Además Eco, no se queda solamente en haber identificado que las características fundamentales de la cultura se basan en sistemas de intercambio bajo fundamentos de significación, sino además propone hipótesis de trabajo, desde el punto de vista de la significación y la comunicación:
 
“i) la cultura por entero debe estudiarse como fenómeno semiótico, ii) todos los aspectos de la cultura pueden estudiarse como contenidos de una actividad semiótica” (1998: 50). La hipótesis radical suele circular en sus dos formas más extremas, a saber: “la cultura es solo comunicación” y “la cultura no es otra cosa que un sistema de significaciones estructuradas” (1988: 50).
 
A partir de su hipótesis radical que caracteriza dos afirmaciones Eco propone que“la cultura por entero debería estudiarse como un fenómeno de comunicación basado en sistemas de significación” (Eco, 1988: 51). Así cultura – comunicación, se implican, se relacionan, no es posible pensar la una sin la otra.
 
             La comunicación intercultural
 
La interculturalidad puede entenderse como el encuentro, el diálogo, más que todo comunicación entre dos modos de usar o concebir la trama de significaciones, es decir, estamos hablando de dos culturas (dos fenómenos de significación y de comunicación) que dialogan sobre diversos aspectos, pero cada uno tiene una sobrecarga de sistemas de significación que al entrar en interacción –como en el caso de las culturas- se enriquece con las formas de ver o concebir diversos fenómenos sociales y físicos de la otra cultura.
 
Sin embargo, el diálogo, más que todo la comunicación concebida en esos términos no siempre se da en el sentido de horizontalidad, sino que existe una interacción o acción comunicativa (en el sentido de Habermas) que está más orientada a conseguir un determinado fin, mientras que por otro lado está la comunicación que busca el entendimiento entre los actores. Creemos entonces que esta distinción de Habermas complementa la concepción de la interculturalidad. Es decir, que cada cultura tiene, digamos, su propia particular manera de tejer el entramado de sus significaciones que llegado el momento regula la manera de aprehender el mundo, lo cual implica una manera particular de organizar su sociedad, las políticas medioambientales, la economía, la familia, la educación, etc., pero más que todo implica una particular manera de ser.
 
1.4. La comunicación como eje articulador de la Interculturalidad
 
Lo que da sentido a la noción de interculturalidad es precisamente la comunicación que se apoya en sistemas de significación que son expresados por una unidad cultural. Sin embargo, la comunicación como tal no es lo último que queda para solucionar los problemas, sino que la comunicación misma se debate en su interior entre dos direcciones, una que apunta a una comunicación que pretende un cierto éxito, es decir una comunicación instrumental. Mientras que por otra parte está la comunicación que no busca otra cosa que el mutuo entendimiento entre los hablantes de una cultura.
 
Miquel Alsina, sobre el tema que tratamos menciona que la comunicación intercultural no trata de explicar una cultura o de comparar dos culturas sino de analizar el proceso de comunicación entre personas de distintas culturas.  Y dónde las pautas para éste análisis podrían ser (1999: 35):
 
a)      Construir unas categorías científicas abstractas que al ser objetivas estarían, supuestamente, libres de condicionamientos de una cultura y serían aplicables a todas las culturas.
b)      Establecer un equilibrio alternando las observaciones del emisor y del receptor.
c)      Tener en cuenta el universo simbólico del contexto en que se realiza la interacción, siempre y cuando éste sea significativo para la comprensión del encuentro.
d)     Si aceptamos que en la interacción cultural se construye una tercera nueva cultura, se puede plantear que la descripción del proceso y los resultados sean analizados a partir de esta cultura común
 
Es interesante la propuesta de Alsina para comprender la comunicación intercultural. En primer lugar debe ponderarse que la comunicación entre culturas no se da en abstracto, sino que se efectiviza por personas de carne y hueso que pertenecen a dos formas de concebir la realidad. También de esta propuesta podemos rescatar, que la cultura no es algo natural al ser humano, sino que es una construcción, una hechura en base a diferentes experiencias acumuladas a través del tiempo, lo que implica también que la cultura se aprende y también se enseña.
 
 
 
En primer lugar, hay que decir que el ser humano es un ser básicamente cultural y que la cultura es una construcción del ser humano (…). La cultura debe su existencia y su permanencia a la comunicación. Así podríamos considerar que es en la interacción comunicativa entre las personas donde, preferentemente, la cultura se manifiesta (Alsina, 1999: 67).
 
A partir del modelo básico de comunicación, es posible trazar también otro modelo, pero esta vez incorporando a dos culturas distintas que dialogan sobre algo:
Objetos y relaciones
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CONTEXTO
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cultura 1
p
Cultura 2
 
 
 
 
Unidad
cultural
“x”
Unidad
cultural
“y”
 
 

 

 
 
 
 
 
 
Modelo intercultural (adaptación propia del modelo de Buhler)
 
En este caso, el modelo de comunicación intercultural presente a dos culturas cualquiera 1 y 2 que estando en pleno uso de sus facultades de comunicación y significación intercambian mensajes, que llegado el momento puede ser considerado como producto o enunciado que adquiriría plena autonomía con respecto a la enunciación.
 
Las culturas como entidades sociales se comunican sobre algo, es decir, los objetos y las relaciones que constituyen el referente que permite que se hable sobre algo. Mientras que el contexto se refiere explícitamente a un lugar y a un tiempo, aunque ahora, con la comunicación virtual se ha cambiado la misma manera de comprender la comunicación cara a cara.
 
Es importante recalcar que la cultura 1 necesita de la cultura 2 y viceversa, en la visión de Lotman es imprescindible la comunicación que genera la significación entre las distintas culturas, puesto que cultura no es un sistema cerrado y hermético, sino su posibilidad de existencia se debe a la existencia de otras culturas.
 
Por otra parte, según Umberto Eco lo que permite distinguir la misma concepción de interculturalidad es la noción de “unidad cultural” que posibilita la distinción específica de cultura.
 
1.5. Unidad cultural.
 
En este modelo incorporamos el elemento identificado por Umberto Eco como: unidad cultural, a este respecto dice Eco –retomando la definición de Schneider-:
 
Así, pues, diremos que el significado de un término (y, por lo tanto, el objeto que el término ‘denota’) es una UNIDAD CULTURAL (sic). En todas las culturas una unidad cultural es simplemente algo que esa cultura ha definido como unidad distinta de otras y, por lo tanto, puede ser una persona, una localidad geográfica, una cosa, un sentimiento, una esperanza, una idea, una alucinación (1988: 118).
 
A partir de esta concepción de Eco, podemos decir que lo que diferencia a una cultura de otra son precisamente las unidades culturales, es decir la forma cómo constituye para una cultura, en este caso, la cultura 1, por ejemplo, el significado de Dios.
 
  1. La compleja situación de Bolivia
 
Las ciudades andinas como La Paz, Oruro y Potosí, sobre todo tienen una población que declara identificarse como aymara o quechua que supera el 50 %, según datos del censo de 2001. En el caso de El Alto, los que se autoidentifican como aymaras superan el 70 % y en la ciudad de Potosí pasa otro tanto con los quechuas. Actualmente, tanto entre los quechuas como entre los aymaras hay más personas en el área urbana que en el área rural, aunque en el campo existen porcentajes cercanos al 90 % de habitantes.
En el área rural de tierras bajas como Santa Cruz, Bení, Pando principalmente,  la gama de situaciones es amplia. Cuatro pueblos indígenas tienen una población superior a 20,000 habitantes: guaraní, guarayo, chiquitano y mojeño; sólo los dos primeros mantienen su lengua. Otros 9 pueblos indígenas tienen una población entre 1,000 y 10,000; finalmente, otros 15 pueblos tienen menos de 1,000 personas y mantienen su lengua en diversos grados” (Keremba, 2006: 22).
 
Según el Censo de 2001, el 62 % de este país se autoidentifica como proveniente o vinculado a  alguna población indígena. Por tanto, hay que pensar a la interculturalidad en este marco, mucho más global, más amplio. Tal vez hasta ahora la situación se centra bastante en el aspecto cultural o en algún caso en lo educativo, pero la interculturalidad o el tema de relaciones culturales no sólo tienen que ver con lo cultural, sino con otros aspectos como el económico, político, social, religioso o espiritual.
 
La interculturalidad en Bolivia se comprende desde dos formas, una, puede comprender la interculturalidad desde la relación de los pueblos indígenas con respecto a los citadinos, la clase alta. Otra forma de comprender, es la relación de unos pueblos indígenas con otros pueblos indígenas. El primero es una relación en cierto grado vertical, mientras que el otro es una relación más o menos horizontal.
 
El escenario de las relaciones que se dan en el contexto boliviano, pero también con la constancia de dos líneas de eje: por un lado, está una línea multicultural que apunta mucho hacia las elites de este país, y otra, que quizás más que intercultural tiene que ver mucho con sus poblaciones indígenas originarias. No se descarta que en cierto momento la elite apunte a formas interculturales (Ticona, 2006: 16)
 
La interculturalidad entre las diferentes étnias o pueblos indígenas, existe desde los tiempos preincaicos, aunque este tipo de interculturalidad tiene como eje articulador a la lengua. En los tiempos contemporáneos el castellano o español se convierte en la lengua que posibilita la comprensión entre las diferentes lenguas y dialectos existentes en nuestro país.
 
Esta especie de modelo que ha persistido en las poblaciones indígenas y campesinas con el aditamento de que no todo lo campesino está en el contexto andino, los pueblos aimaras, quechuas, urus, y otros hace mucho tiempo que practican la interculturalidad. ¿Pero qué significa hacer interculturalidad? Significa haber aprendido el castellano aunque sea hablado mal, lo han aprendido, lo hemos aprendido; significa tratar de entender muchos valores de la cultura occidental. Mucha gente es trilingüe, hay poblaciones en Bolivia que hablan quechua, aimara y castellano (Ticona, 2006: 17).
 
Así, las diferentes culturas de Bolivia, en la óptica del canciller de la República David Choquehuanca, son fundamentalmente “culturas de la vida” mientras que la cultura occidental, es una “cultura de la muerte”, porque tienen como premisa fundamental el generar y ganar mas dinero, acrecentar el capital, en desmedro de la naturaleza y del propio ser humano.
 
  1. La identidad cultural
 
Es importante recordar que lo que diferencia a una cultura es cualquier elemento diferente que tiene una cultura “x”, es decir una unidad cultura, que lo hace diferente de las demás culturas. Pero antes de pensar en otra cultura, uno debe reparar en su propia cultura, como perteneciente a una singularidad, pero que sin embargo está conectado con otra u otras culturas de su entorno, o una cultura global.
 
Pensamos entonces que la respuesta a la pregunta identitaria ¿quiénes somos? Va a depender fuertemente del contexto desde el que nos estemos viendo, porque es este contexto el que a modo de “lente contextual” (regulable) nos ayudará a definir en cada momento o situación frente a quiénes nos oponemos (con qué “otras culturas” nos interrelacionamos) y en base a qué rasgos significativos se definen los recortes de la realidad sociocultural que sustenta nuestra identidad. Soy distinto a mi hermano, pero somos iguales en oposición a un vecino, con el que a su vez somos iguales en oposición a los de otro barrio y así, sucesivamente (Keremba, 2006: 15).
 
El tejido de culturas se base en las relaciones, de oposición, de posición. Cuando hablamos de “oposición” recurrimos a un concepto semiótico de cultura, tal cual lo propusiera Clifford Geertz, es decir, una cultura tiene sus propios rasgos particulares que lo hacen ser tal, pero siempre en relación con otras identidades.
 
…el discurso de la interculturalidad no puede construirse desconectado del contexto social e ideológico de la propia diversidad cultural, desligado del análisis de cómo se producen las relaciones entre distintos grupos sociales y culturales u ocultando las estructuras políticas y económicas que las condicionan (Keremba, 2006: 16).
 
La visión que quiera imprimírsele a la interculturalidad, no está exenta de un marco discursivo, en el sentido, de aprisionar una única forma de concepción sobre algo, sobre también una construcción de conceptos, supeditado a un grupo de personas, en un tiempo y en un espacio.
 
  1. A manera de conclusiones
 
Néstor García Canclini, enfatiza que la interculturalidad implica una educación. En el caso boliviano, las últimas revueltas sociales han mostrado esta necesidad. No debe pensarse que la comunicación intercultural pueda darse asi por así, sin mas intervenciones conscientes. Sino que por el contrario, debemos reparar en todos los aspectos pertinentes que podrían posibilitar una comunicación entre culturas en el territorio del Estado boliviano.
 
A la vez, es necesario educar para la multiculturalidad, o mejor para la interculturalidad. Una interculturalidad que propicie la continuidad de pertenencias étnicas, grupales y nacionales, junto con el acceso fluido a los repertorios transnacionales difundidos por los medios urbanos y masivos de comunicación2 (Canclini, 2006: 190).
 
 
En esta vía se habla de una interculturalidad positiva, que es vista como enriquecimiento mutuo entre culturas distintas y pone el énfasis no tanto en la preservación de la diversidad, sino en el desarrollo de articulaciones y encuentros de las culturas. Al establecer relación entre personas o grupos sociales de diversa identidad y cultura cubre actitudes y concepciones de personas y grupos de una cultura acerca de elementos de otra.
 
Dijimos que la interculturalidad supone una interacción o relación social positiva entre culturas que se reconocen como diferentes, es decir, la interculturalidad crea otro espacio lo “inter”, que es el ámbito de encuentro, de diálogo y negociación, donde culturas diferentes, sin que prime o se imponga ninguna de ellas, se valoran, reconocen, interactúan y respetan en su verdadera esencia. Ese espacio “inter”, o “tercer espacio” como lo llaman algunos, en nuestro caso es, o debería ser, la “Nación boliviana”.
La construcción de un Estado boliviano inclusivo y que supere los resabios coloniales, que aún hoy perduran en nuestra sociedad, no puede darse, como se pretendió con la Revolución del 52, a partir de un proyecto de mestizaje inducido y homogeneizante, sino que debe suceder en esta oportunidad, asumiendo y valorando la diversidad de culturas, las que sin dejar de ser lo que en esencia son, se adscriban a un proyecto común de nación. En ese sentido, yo no veo una contradicción entre construcción del Estado nacional boliviano e interculturalidad, pues es posible ser quechua o guaraní al mismo tiempo que boliviano,

 

 

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